4 Julio 2008

Jonny Greenwood Is The Controller

Por esas cosas de la vida, durante esta semana me bajaron unas ganas inaguantables por escuchar reggae… no creo que se deba al clima actual, que no es precisamente de lo más tropical, pero en fin…

Jonny Greenwood Is The Controller

Lógicamente, me lancé a la búsqueda de algo que escuchar, más allá del ultra-famosísimo-y-realmente-imprescindible Legend de Bob Marley, y encontré esta verdadera joyita: Jonny Greenwood is the controller, una recopilación armada por nada más y nada menos que el guitarrista de Radiohead. Es algo lo bastante extraño como para llamar la atención, y definitivamente lo bastante interesante para ser algo más que una mera curiosidad. Son 17 pistas que Greenwood escogió personalmente (o al menos así dicen) entre los archivos del sello Trojan Records, probablemente el más importante especializado en ska, reggae, dub y rocksteady.

Pueden escuchar el disco completo desde Download.com: Jonny Greenwood Is The Controller

29 Junio 2008

Stone Temple Pilots: Thank You (2003)

Stone Temple Pilots es una banda que me parece estar en una situación bastante peculiar: a pesar de nunca haber creado escuela ni influir de forma clara en el sonido de otros grupos, sus canciones forman parte fundamental de la banda sonora de los noventa… su único mérito son sus canciones.

STP - Thank You

Normalmente estaría de acuerdo en meter a STP en el saco del grunge, y quizás muchos también lo harían. Probablemente estemos todos equivocados, ya que más allá de la coincidencia de haber estado haciendo rock en EE.UU. durante los noventa, las razones para llamar a Stone Temple Pilots una banda de grunge no son muchas (aunque, claro, habría que ver si el grunge efectivamente llegó a constituir un estilo) y Thank You, este disco recopilatorio de despedida, podría constituir un buen argumento para hacer lo contrario.

Este desordenado recorrido a través de 15 canciones logra representar un buen panorama de la banda — aunque claro, jamás completo (ningún recopilatorio podría pretender semejante cosa) — en el que la amplitud del sonido de la banda queda patente. Ya en su primer disco presentan canciones tan disímiles como Creep, Plush y Sex Type Thing, mientras que en Purple presentaban Vasoline, Big Empty y ese clásico automático llamado Interstate Love Song todo en un mismo disco. Tiny Music… Songs from the Vatican Gift Shop constituye, a mi gusto, su punto más alto, donde no solamente saben crear excelentes canciones de rock, sino también sumar nuevas influencias para dejar un gusto setentero que alcanza su máxima expresión en Big Bang Baby.

Los hermanos DeLeo supieron forjar un estilo propio, pero nadie podría dudar de que Scott Weiland es parte fundamental e imprescindible en STP; es, básicamente, algo así como el Mick Jagger de los noventa: basta ver algún video de sus conciertos para darse cuenta de su calidad de showman.

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15 Junio 2008

Gemma Hayes - Night on my side

Portada del disco Night on my side es el disco debut de la irlandesa Gemma Hayes, que a través de 12 canciones (en la edición europea) presenta un estilo bien cuidado y agradable desde la primera escucha.

El sonido del disco es en gran parte electroacústico, sin más arreglos que los necesarios para lograr la atmósfera de cada canción (algunos toques de orquestación en un par de canciones), que en su conjunto configuran un set cercano al folk-rock en cuanto a su musicalidad y al indie en cuanto a la extensión que las canciones de Hayes cubren —I let a good thing go podría ser, en este sentido, una de las pistas que produce un relieve más destacado en el recorrido del disco, rompiendo la seguidilla de canciones suaves y relajadas, mientras que Ran for miles (inmediatamente posterior) presenta un contrapunto que evoca una melancolía más teñida de tristeza que de culpa o reflexión.

A mi juicio, Night on my side ha constituido una agradable sorpresa. Si bien como disco puede no ser imprescindible, algunas de sus canciones logran enroscarse muy profundamente en el oído y ciertas sensibilidades.

22 Febrero 2008

Mogwai: Happy songs for happy people

Portada de Happy songs for happy people Me es difícil tratar de comentar algo sobre Happy songs for happy people… quizás porque, en parte, cada vez que lo escucho es como si lo escuchara por primera vez, tal vez porque siempre me ha parecido una cuestión muy extraña (pero que a la vez logra crear un aura extrañamente familiar), o acaso porque el sonido que Mogwai logra crear en él parece un experimento continuo que mueve tanto al análisis como a la emoción.

Cualquiera sea la causa, hay cosas que de todos modos es importante decir sobre este disco: en primer lugar, si no lo has escuchado, hazlo; en segundo lugar, si ya lo has escuchado, hazlo de nuevo. En verdad, es así de bueno.

Para dar algunas (siempre necesarias y/o útiles) referencias, habría que ubicar a Mogwai en el espectro del post-rock, cercano a referentes como Sigur Rós o Explosions in the sky, aunque la verdad es que si conoces a alguna de estas bandas, lo más probable es que ya hayas escuchado algo de Mogwai.

El disco es puramente instrumental, y aunque la música es creada fundamentalmente con instrumentos típicos del rock, rompe todas las estructuras de ritmos y armonías tradicionalmente propias del género. Mogwai logra crear texturas suaves y melodías bellísimas, sobre bases que incluso en sus momentos más ásperos resultan tranquilizantes. Pero no hay que equivocarse: no se trata de música de relajación, new age ni nada por el estilo; me atrevería a decir que ni siquiera es música apropiada para tener de fondo mientras haces otra cosa, sino todo lo contrario, ya que sólo puede ser apreciada si realmente logras concentrarte aunque sea un minuto en su devenir, y aunque a veces eso cuesta, el “esfuerzo” vale la pena.

20 Enero 2008

Nacho Vegas y Christina Rosenvinge: Verano Fatal

Para mi generación, el mejor (o único) recuerdo que tenemos de Christina Rosenvinge probablemente sea de sus tiempos como Christina y los Subterráneos, y canciones como Tú por mi, Mil pedazos o Voy en un coche —por eso, para mí fue toda sorpresa conocer el desarrollo posterior de su carrera, que incluye una opción radical por una apuesta alejada de lo comercial en favor de algo más personal y que incluso la llevaría a cruzar el Atlántico hacia Estados Unidos, donde editaría dos trabajos en colaboración con los músicos de Sonic Youth.

Nacho Vegas y Christina Rosenvinge: Verano Fatal Verano Fatal, publicado durante el 2007, es el resultado de su colaboración con el también español Nacho Vegas; el disco contiene 7 canciones que completan 24 minutos de música. El tono de las composiciones es notablemente amplio, desde el rock de Verano fatal a la ingenuidad de Que nos parta un rayo o los arpegios acústicos de No lloro por tí; pero lo que en verdad me ha dejado absolutamente enganchado han sido las excelentes letras que, como en muy contadas ocasiones, me han hipnotizado por su belleza y sinceridad —incluso en las melodías más alegres hay un tinte de pesimismo como el más fatal de los amores. Bastará con escuchar la pista inicial, Me he perdido, para que entiendan lo que quiero decir.

30 Diciembre 2007

Editors: An End Has a Start (2007)

Editors: And End Has a Start El segundo disco de Editors (tras The Back Room, del 2005) me resultó algo extraño de digerir: las expectativas con que me dejó The Back Room eran ciertamente elevadas, y no calzaban exactamente con lo que llegué a escuchar en An End Has a Start, sobre todo porque tras escuchar de punta a punta su primer trabajo, Distance, la canción que lo cerraba, parecía augurar algo bastante distinto a lo que había sido y lo que sería su sonido —una especie de melancolía madura y añeja, pero siempre actual.

Quizás esperaba una entrega mucho más tranquila en estas nuevas 10 canciones, pero aun así debo decir que al cabo de un par de vueltas, los brillo escondidos en An End Has a Start comienzan a ser tan envolventes como aquella melancolía, al punto de llegar a comple(men)tarla y sucederla como una progresión natural.

En realidad, este disco no ofrece algo fundamentalmente nuevo, y ni siquiera resulta mucho mejor que el anterior, pero tiene algo así como una indescriptible viscosidad que finalmente atrapa y ata a una belleza que subyace a sus armonías superficiales. Imposible no destacar Smokers outside the hospital doors, Escape the nest, o la delicada Spiders.

14 Diciembre 2007

Stereophonics: Pull the Pin (2007)

Stereophonics: Pull the pin Aunque su lanzamiento oficial estaba planificado para el primero de octubre, el nuevo disco de Stereophonics ya había estado circulando hace un rato por internet, tanto en copias de avance como en adelantos de lo que son sus canciones en presentaciones en vivo y el ocasional —pero siempre obligatorio— video en YouTube.

Creo que esta es una de las pocas bandas “contamporáneas” que he seguido con tanta atención, por lo que siempre he estado bastante pendiente del material nuevo que han ido publicando. En los años más recientes, el grupo ha pasado por un cambio de alineación (durante 2003, el baterista Stuart Cable fue expulsado del grupo y posteriormente reemplazado por Javier Weyler), la internacionalización de su carrera (fundamentalmente, a partir de Dakota, el primer sencillo de Language. Sex. Violence. Other?) y el lanzamiento del primer disco de Kelly Jones en solitario; hechos que indudablemente han afectado el desarrollo del grupo.

Ninguno de los discos de Stereophonics suena exactamente igual que los demás, pero me arriesgaría a decir que en este caso se ha quebrado una tendencia que en lo personal no terminaba de convencerme: Pull the pin vuelve a un sonido algo más orgánico que Language. Sex. Violence. Other?, en términos musicales podría ubicarse en algún punto entre Word Gets Around y Just Enough Education to Perform.

Como siempre, los elementos básicos de su música son la guitarra, el bajo y la batería más la voz de Jones, la que ahora como nunca ha logrado un cuidadoso equilibrio de fuerza y expresión, con esa rasgadura particular que oscila entre la potencia y la sutileza con una precisión admirable.

Las canciones son predominantemente “animadas”, aunque pistas como su primer single It means nothing, Daisy Lane y la increíble Lady Luck ponen un contrapunto necesario, mientras que el último corte, Drowning, podría calificarse más bien de angustiante.

En este disco, Stereophonics ha mantenido su identidad y, en mi opinión, se han apartado del sonido más sintético de su disco anterior, lo que francamente debo agradecer. Nuevamente se pueden ver sus características propias en la composición (por ejemplo, es destacable el trabajo en la mezcla de múltiples capas de guitarras en varios pasajes), lo suficientemente alejadas de lo común como para haber creado canciones reconocibles, rock/pop como muchas más, pero tan propias como únicas.

2 Noviembre 2007

Kula Shaker: Strangefolk

Kula Shaker: Strangefolk A mediados de los 90, todavía en medio del auge del grunge y en plena vigencia de grupos como Oasis y Blur, un grupo de ingleses irrumpió con una propuesta musical que los distinguió inmediatamente: Tattva fue la gran carta de presentación de Kula Shaker, una banda que retomaba lo que quizás ya podría ser una alianza tradicional entre el rock británico y la influencia del misticismo hindú.

Luego de aquel chispazo del 96 y Peasants, pigs & Astronauts del 99 la banda no había vuelto a hacer noticia, pero finalmente han reaparacido con Strangefolk, un disco que no solamente sigue la línea de su anterior trabajo, sino lo expande y lleva a un nuevo nivel. Sin duda, la banda se inscribe en el marco sonoro característico del rock inglés, pero su exhibicionismo desvergonzado de influencias tan selectas como interesantes conforman un sonido característico. A través de las 13 pistas del disco, es posible reconocer el toque de inspiración de clásicos como Syd Barret, Jimi Hendrix, Brian Jones y George Harrison, junto a otros más contemporáneos como sus coterráneos Spacehog.

Tan rico como en influencias lo es también el tono de las distintas canciones que componen el disco, y que varían desde las jugetonas Super CB Operator y Great Dictator (Of The Free World), la intensamente mística Song of Love/Narayana, la psicodelia de Ol’ Tark Jack y Second Sight, la épica Hurricane Season o la bella Fool That I Am.

En resumen, un disco totalmente recomendable, una mezcla casi perfecta de rock clásico, psicodelia y mística hindú.