9 Octubre 2007
17 Agosto 2007
Quería saber si Dios tenía lenguaje
Bueno. Iba diciendo. El padre hablaba de Dios. Quería saber si Dios tenía lenguaje. No me pregunte qué significa esto. Sólo se lo cuento porque sé las palabras. El padre pensaba que un niño podría hablar si no veía a nadie. Pero ¿dónde había un niño? Ah. Ahora empieza usted a comprender. No tenía que comprarlo. Por supuesto, Peter sabía algunas palabras de persona. Eso no se podía remediar. Pero el padre pensó que quizá Peter las olvidaría. Al cabo de algún tiempo. Por eso había tanto bum, bum, bum. Cada vez que Peter decía una palabra. su padre lanzaba un bum. Al fin Peter aprendió a no decir nada. Sí sí sí. Gracias.
Paul Auster, Ciudad de cristal (primera parte de La trilogía de Nueva York)
16 Agosto 2007
Nada es real excepto el azar
Mucho más tarde, cuando pudo pensar en las cosas que le sucedieron, llegaría a la conclusión de que nada era real excepto el azar
Paul Auster, Ciudad de cristal (primera parte de La trilogía de Nueva York)
6 Agosto 2007
Poesía, lenguaje y estructura
Creo, efectivamente, que los poetas son conductores, incluso en el sentido de electricidad de la existencia de poesía en la vida humana. Los poetas transmiten en ese sentido, y lo hacen a través de palabras de que la mayor parte de las veces toman una forma lógica como es la gramatical, a pesar de que existen expresiones de la poesía que se arrancan de esa lógica, como lo ha hecho el letrismo, que ha sido un intento de hacer poesía con letras y consonantes juntas que a veces no pueden siquiera pronunciarse, y que, a mi juicio, la mayor parte de las veces no logra transmitir la fuerza poética que intenta; entre estos intentos de transmitir poesía a través de palabras inventadas existe un autor de enorme categoría que efectivamente ha logrado, más que otros, una creación de palabras que no tiene sentido, sin producirse el problema de que las palabras no se puedan pronunciar por el número de consonantes, y es el caso de Lewis Carroll, en cuyos poemas en verso encontramos, tanto en Alicia en el país de las maravillas como en Alicia a través del espejo, una creación de palabras inventandas que logra transmitir poesía. Ahora, señalo que, la verdad, en los textos de Lewis Carroll —doy como ejemplo el Jabberwocky, que no voy a ahondar en explicar lo que es— se siguen, en buena medida, reglas gramaticales, algunas de ellas convencionales, otras de la lógica y otras, en cierto modo, en el ámbito del arte al menos, inventadas. Bueno, pero por qué es este un asunto importante: en el psicoanálisis, la asociación libre es constituida por el monólogo del paciente, que es con la mayor frecuencia manifestado a través de palabras que siguen la ley de la gramática (…) En la Literatura y en la Poesía —y yo ahí no haría distinciones entre el verso y la prosa— opera naturalmente el Inconsciente, a la vez que está presente la conciencia racional a través de la gramática, cosa que en el psicoanálisis es indispensable ya que el inconsciente, tal como puede ser conocido, se manifiesta lo más a menudo en palabras que siguen esta misma lógica racional. Así, si las manifestaciones del inconsciente pueden ser interpretadas es porque lo inconsciente se manifiesta en la consciencia, y en relación a eso yo señalo una cosa que no es tomada en cuenta: en realidad, Freud no es un adorador del inconsciente, sino que lo que establece como esencial es lo que del inconsciente se hace consciencia racional, donde el papel de la gramática se vuelve fundamental.
Armando Uribe en Realidad Imaginada: entrevista a Armando Uribe Arce.
Revista Istmo 2, 2007.
5 Junio 2007
Salir del narcicismo
Freud se plantea el problema de saber por qué el hombre sale del narcicismo. ¿Por qué el hombre está insatisfecho? En ese momento verdaderamente crucial de su demostración científica, Freud nos ofrece los versos de Heine. Es Dios quien habla, y dice: La enfermedad es el fundamento último del conjunto del empuje creador. Creando me he curado.
Jacques Lacan — Seminario 2: El yo en la teoría de Freud
y en la técnica psicoanalítica pp.199-200
15 Febrero 2007
Ulises: “todo el mundo en un día”
- Ha estado delirando toda la noche sobre una pantera negra —dijo Stephen—. ¿Dónde tiene la pistolera?
- ¡Un loco temible! —dijo Mulligan—. ¿Te entró pánico?
- Sí —dijo Stephen con energía y con creciente miedo— Ahí en la oscuridad, con unos que no conozco, y que delira y gime para sus adentros que le va a pegar un tiro a una pantera negra. Tú has salvado a algunos de ahogarse. Yo no soy ningún héroe, sin embargo. Si ése se queda aquí, yo me voy.
Buck Mulligan miró ceñudamente la espuma de la navaja. Bajó de un brinco de donde estaba encaramado y empezó a registrarse apresuradamente los bolsillos.
- ¡Mierda! —gritó con voz pastosa.
Pasó hasta la plataforma de tiro y, metiendo la mano en el bolsillo de arriba de Stephen, dijo:
- Otórgame un préstamo de tu moquero para limpiar mi navaja.
Stephen consintió que le sacara y exhibiera por una punta de un pañuelo sucio y arrugado. Buck Mulligan limpió con cuidado la navaja de afeitar. Luego, observando el pañuelo, dijo:
- ¡El moquero del bardo! Un nuevo color artístico para nuestros poetas irlandeses: verdemoco. Casi se saborea, ¿no?
Subió otra vez al parapeto y miró alá, toda la bahía de Dublín, con el claro pelo roblepálido ligeramente agitado.
- ¡Dios mío! —dijo a media voz—. ¿No es verdad que el mar es como lo llama Algy: una gran dulce madre? El mar verdemoco. El mar tensaescrotos. Epi oinopa pontos. ¡Ah, Dedalus, los griegos! Tengo que instruirte. Tienes que leerlos en el original. Thalatta! Thalatta! La mar es nuestra gran madre dulce. Ven a mirar
Stephen se irguió y se acercó al parapeto. Asomándose sobre él miró, allá abajo, el agua y el barco correo que salía por la boca del puerto de Kingstown.
James Joyce (2005)
Ulises
Barcelona: DeBols!illo; p.91
4 Febrero 2007
Creencia
- Tú no eres creyente, ¿verdad? —preguntó Haines—. Quiero decir, creyente en el sentido estricto de la palabra. La creación desde la nada, los milagros y un Dios personal.
- No hay más que un sentido en esa palabra, me parece —dijo Stephen [...]
- Sí, claro —dijo, mientras seguía otra vez—. O se cree o no se cree, ¿no es verdad? Personalmente, yo no podría tragar esa idea de un Dios personal. Tú no lo aceptas, supongo.
- Observas en mí —dijo Stephen con sombrío disgusto— un horrible ejemplo de librepensamiento.
James Joyce (2005)
Ulises
Barcelona: DeBols!illo; p.109
21 Enero 2007
La verborrea del deslenguado

El libro [Ulises, de James Joyce] es un retrato del siglo con escape libre, sobre todo porque no se atiene a la mentalidad y las hipocresías de la época. Es como si el tiempo hablara de sí mismo, diciendo en voz alta lo que piensan, sueñan, traman, esconden los habitantes de este planeta que da tantas vueltas en torno al sol y a su ombligo y, a pesar de la claridad diurna, deja en lo oscuro quién es y cómo es aquello que se llama “la persona”.
La obra detalla sin pausa la gran cháchara, el clímax de la verborrea, la interminable conversación sostenida por los hombres, por las mujeres desde que tuvieron el don de la palabra. Se pusieron más locuaces cuando lograron describir por escrito lo que son, lo que hacen, lo que sienten. Pero hasta ahora o hace poco no han tenido bastante coraje y desenvoltura como para decir en público sus bajas pasiones, sus sueños encubiertos entre sábanas, sus fantasías oníricas, sus delirios eróticos y otras menudencias que se esconden bajo la alfombra del mutismo, muy para callado.
Al fin y al cabo lo que hace diferente y humano al hombre es la palabra, el susurro de la mente. El pretenciosamente llamado “homo sapiens” sabe silenciar gran parte de lo que es. Enmudece respecto a mucho de lo que siente, a cosas que sucesivas culturas y religiones han creído que no deben manifestarse. De repente llega un deslenguado indecente y se pone a gritarlas en la calle. Hasta las escribe para que los espíritus delicados se enteren de secretos que no son para ventearlos en público.
El hombre es un gran hablador. Habla siempre, sobre todo consigo mismo. Es el rey del soliloquio. Ese fue el material que Joyce explotó de preferencia en Ulises. Allí se expuso la conciencia y la subconsciencia, incuso lo indecible. El individuo se desata en la autocomplacencia lingüística irrefrenable. Da rienda suelta a su sinceridad. La suma de toda aquella habladuría, un continente o un planeta de palabras es material útil para conocer la historia íntima de esa humanidad en gran parte desconocida porque estuvo tapada; vivió y sigue viviendo sometida a censura y autocensura.
Volodia Teitelboim (2002)
Ulises llega en locomotora
Santiago: LOM; pp.35-36.
Fotografía: James Joyce Statue In Trieste, modificada por Felipe Lavín Zumaeta con licencia BY-NC-SA de Creative Commons.


